Ministerio Antorchas Encendidas

Yeshua restaura tu ser integral

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Las saludables relaciones interpersonales requieren de un continuo perdón.

Un fragmento de Santiago 3:2 dice: Porque todos ofendemos muchas veces…

Y de quien podemos aprender a perdonar para restaurar los vínculos es de Aquel que nos reconcilió con Dios: Su Hijo Unigénito: Yeshua HaMashiaj, ya que por su muerte en la cruz nuestros pecados tuvieron la paga del perdón. Pero no podemos esperar que Dios haga toda la tarea de arreglar los errores que hemos cometido.

Dios da una orden muy específica acerca de la reparación del daño hecho al prójimo llamada: Ley sobre la restitución que se encuentra en Números 5:5-8

5 Además habló Jehová a Moisés, diciendo: 6 Di a los hijos de Israel: El hombre o la mujer que cometiere alguno de todos los pecados con que los hombres prevarican contra Adonay y delinquen, 7 aquella persona confesará el pecado que cometió, y compensará enteramente el daño, y añadirá sobre ello la quinta parte, y lo dará a aquel contra quien pecó. 8 Y si aquel hombre no tuviere pariente al cual sea resarcido el daño, se dará la indemnización del agravio a Adonay entregándola al sacerdote, además del carnero de las expiaciones, con el cual hará expiación por él.

Cientos de años antes que Yeshua enseñara a sus discípulos la oración del Padre Nuestro, “perdónanos como también perdonamos a los que nos ofenden” encontramos en Números el fondo clave para un perdón restaurador en las palabras: CONFESARÁ Y COMPENSARÁ ENTERAMENTE EL DAÑO.

Pedir perdón en la actualidad es tan común como decir gracias y hasta luego. Se hizo una palabra más cercana pero menos profunda. Cuando regresamos a Las Sendas Antiguas logramos conocer el Corazón del Padre Eterno al llevarnos a CONFESAR Y COMPENSAR, veamos la siguiente explicación:

1.           CONFESAR: implica reconocer nuestra entera responsabilidad por el daño cometido, sin excusas ni justificaciones.

2.           COMPENSAR: implica reparar el daño, dar a la persona ofendida no solo el reconocimiento de nuestra culpa sino un acto que evidencie de manera palpable nuestro arrepentimiento y la valía que esa persona representa para nosotros.

Confesar y compensar también guarda el corazón del ofensor, ya que un precio alto por su agravio le lleva a considerar si más adelante desea nuevamente equivocarse.

3.           Una vez se haya confesado el agravio y reparado el daño es el momento perfecto de pedir perdón, lo cual quita la carga acusatoria del ofendido y en el ofensor, y quita la carga de injusticia que queda en el corazón de la persona agraviada.

Leamos La Biblia completa y descubramos que “Al conocer la verdad seremos verdaderamente libres”

Diana Pulido – Rebeca

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